domingo 12 de febrero de 2012

Natillas de mazapán


A real hero

Es difícil.
Cuando:
aquellos que parecían culpables salen a la calle limpios de polvo y paja,
los que por ser quien son, están libres de culpa,
quien busca que los culpables paguen sus culpas, son culpados a su vez,
los débiles pagan por los errores de los fuertes,
los indefensos tienen a su defensor encausado,
los que acusan parecen ser ellos mismos culpables,
los especuladores piden cuentas a los más pobres,
quienes son más ricos dan lecciones de ahorro,
se recortan derechos básicos que costó mucho conseguir.


¿Qué nos queda?
¿salir a golpear ollas a la calle, para protestar?
¿votar en las urnas (¿a quién?) para intentar cambiar esto?
¿hacer huelga, perder parte del mísero sueldo?
¿oír las burlas de quien tiene la sartén por el mango?...

O seguir.
Ser persona, sin perder la dignidad, que eso no nos lo pueden quitar.
Disfrutar de la belleza que queda a nuestro alrededor, de los nuestros...

Ser.
Seres humanos, héroes.




Ingredientes
  • 20 gr de azúcar
  • 1 yema de huevo
 
  • 150 gr de mazapán
  • 150 gr de leche
  • 110 gr de nata

  • Nata fresca o crème fraîche
  • Mermelada de arándanos, cerezas o similar

¿Cómo se hace?

Mezclar el azúcar con la yema de huevo sin batir, con un tenedor.
Poner al fuego mazapán, leche y nata. Dejar que caliente y triturar un poco con la batidora, para que el mazapán quede bien deshecho y mezclado.
Que no hierva, pero casi.

Fuera del fuego, añadir la mezcla de yema y azúcar.
Poner a fuego lento hasta casi hervir.
Enfriar.

Para servir:
en el recipiente donde se vaya a servir, poner un par de cucharadas de la nata fresca. Encima dos cucharadas de las natillas y una cucharadita de mermelada.

jueves 12 de enero de 2012

Merluza en salsa



Pequeñas violencias cotidianas

El respeto es algo vital. 
Es una palabra anticuada, y que suena a "debes respetar a los mayores", por ser mayores sin más.
No. Me refiero al respeto que toda persona debe ofrecer y obtener de los demás, sólo porque somos personas.

Es una idea que siempre tengo presente, pero lo que me empuja a escribir hoy es algo que ocurrió en la fila del cole.
Niños y niñas de 7 años. Una niña corre para alcanzar su puesto en la fila, detrás de sus amigas. Dos niños vienen desde lejos a intentar ganarle. Les gusta siempre ser los primeros.
La niña gana. Uno de los niños, grandullón, llega con fuerza y empuja. La niña casi se cae. El grandullón se queja:
-Teníamos que ser los primeros. En cuanto se mueva (la niña) le quitamos el sitio.
-Pero tiene ahí su mochila- dice el otro niño.
-No. La tiene un poco fuera de la fila.
La madre de la niña advierte. 
-Un poco de cuidado, que si venís corriendo, podéis hacer caer a los demás.
El grandullón no se corta.
-Yo puedo venir como quiera.
La madre de la niña, mosqueada.
- Eso depende de si afecta a los demás o no.

Parece una anécdota sin importancia, pero si a esto sumamos otras actitudes parecidas, empujones, burlas, contestaciones, desobediencias y malas caras a los padres...veo en este niño un ejemplo de cómo crece en una persona la falta de respeto.

Queremos ser los primeros. Para eso hemos de empujar a los demás. Yo puedo hacer lo que quiera. Tú no me puedes corregir ni decirme cómo tengo que hacer las cosas. O peleas conmigo o tus derechos no existen. En cuanto te des la vuelta te quito lo que tenías. No me digas nada porque soy un tío fortachón y tú una niñita enclenque.

A mí me suenan mucho estas frases y actitudes. 

Y estas otras también:
- Tú no sabes, yo te digo cómo se hace.
- Eso que llevas no me gusta, ponte esto otro.
- Deberías teñirte el pelo, tienes muchas canas.
- Pues sí que tenías que decirle cosas a tu amiga. Lleváis media hora hablando.
- ¿A dónde vas? ¿Con quién? Pues tienes cosas que hacer en casa.
- Coloca esto, tráeme aquello, dame lo de más allá...
- Está todo hecho un asco, si todavía tendré que limpiar yo...
- Lo que haces tú en todo el día, lo hacía yo en media hora.
...
Si colocamos esto en boca de un hombre y se dirige a una mujer, la situación es peligrosa. Es machismo, sí, pero sobre todo es falta de respeto.

Por eso voy a advertir desde aquí al grandullón. 
-Como te acerques a la peque, te voy a pintar un Bob Esponja en la cara con tinta permanente. Abusón.

Feliz Año Nuevo. Reivindicativo.


 

Ingredientes
  • 4 medallones de merluza
  • 1 diente de ajo
  • 1 rebanada de pan
  • Aceite oliva virgen
  • Pimentón
  • 4 cucharadas de vinagre
  • Harina
  • Guisantes
  • Caldo de pescado
  • Sal (y pimienta si se quiere)
  • Patatas para acompañar

¿Cómo se hace?

En una sartén ponemos un chorrito de aceite, suficiente para freír el ajo y el pan partidos en trocitos. Sin que se quemen. Antes de sacarlos del aceite le añadimos un poco de pimentón y lo retiramos del fuego.
Sacamos el ajo y el pan a un mortero, con un poco de su aceite con pimentón.
Machacamos.
En otra sartén ponemos un chorrito de aceite en el que pasaremos ligeramente los medallones de merluza, salpimentados y enharinados. 
Sobre estos trozos añadimos el majado de pan, ajo y pimentón. Lo rociamos con el vinagre. 
Añadimos los guisantes (los míos congelados), un poco de caldo y lo dejamos cocer tapado unos 10 mn.
Retiramos del fuego y dejamos reposar tapado.
Yo lo acompañé de patatas que hago en el microondas.
Las patatas son pequeñas. Las lavo muy bien, les pincho la piel con un tenedor varias veces.
Las coloco en un plato, tapado por otro.  8 mn en microondas a máxima potencia y estarán listas. Se puede comprobar con un palillo. Si el palillo entra fácilmente es que ya están.
A la hora de servir se les retira la piel y ya está.







..........

viernes 25 de noviembre de 2011

Ensalada de salmón y naranja





Limpio y Sencillo
Hay personas que aparentan ser normales, pero no lo son. Son especiales.
Tienen algo distinto. No sabes muy bien qué. 
Creo que en algunos casos es la bondad. Pasa con los niños pequeños. La inocencia, la blancura que llevan dentro se ve desde fuera. Esos ojos limpios con los que te miran cuando no entienden algo o cuando se sienten heridos. 
Hay adultos que conservan esa mirada.  Muy pocos. Pero qué valiosos son. 
Otras veces es la sencillez. Personas que no tienen recovecos, que lo que ves es lo que hay, que son francos y que siempre actúan con buena voluntad. Qué escasos. Qué imprescindibles.
Otros son voluntariosos, siempre esforzándose por hacerlo bien, sin quejarse. Personas que lo dan todo, sin darse cuenta de cuánto dan. Responsables, trabajadores, sin pedir a cambio lo mismo de los demás.

Conozco a gente así. ¡Qué afortunada soy! La tengo alrededor.
Son esas personas que sacan lo  mejor de ti, que te hacen reflexionar y no ser tan cascarrabias. Que sin decir nada te enseñan lo realmente valioso.  
No sé porqué algunos son así y otros no. 
Yo no lo soy.

Sin embargo, estas personas no son las que triunfan. Si no te fijas casi ni se ven. No se esconden, son discretas nada más.
¿A quiénes vemos? ¿quiénes tienen más éxito? 
Los listillos, los caraduras, los que mienten mejor, los de pocos escrúpulos, los que sacan lo mejor de  otros y se lo quedan, los que esconden su yo porque es feo,...

Somos complicadas las personas. 
Nos atrae la malicia, la oscuridad, el misterio, las miradas que esconden un secreto. Las segundas intenciones, las medias sonrisas, lo que no nos dicen es lo que buscamos, es lo que nos gusta. Si alguien parece que tiene un "pasado" ¡qué interesante!

¿Por qué?

Hablaba con mi hija mayor de la forma de mirar. Las cosas que se pueden ver en unos ojos. Miradas limpias, miradas profundas, tristes, alegres, astutas...
Yo intentaba explicarle las sutiles diferencias que hay entre unas y otras. Ella preguntaba y preguntaba. Yo casi no sabía responder. 
Y ella dijo entonces: ¿cómo sabes todo eso? ¿dónde lo has aprendido?
Y volví a darme cuenta de los años que tengo. 
Miré a mi hija, sus ojos limpios. 

Le di un abrazo, y durante un rato no hablamos de nada más.


Ingredientes

  • 1/2 Lechuga
  • Salmón en lonchas
  • 1/2 Naranja
  • Mermelada de tomate
  • Crocanti de almendras
  • 1/4 Piña natural
  • Aceitunas negras 4 ó 5
  • Aceite virgen
  • Sal
  • Vinagre de jerez

¿Cómo se hace?
  • Pues es una ensalada. Se parte en trocitos la lechuga, la piña, la naranja, las aceitunas y el salmón.
  • Se añaden las almendras, que le aportan el toque crujiente,  la mermelada de tomate, se salpimenta y aliña con el aceite y vinagre y a comer.

miércoles 16 de noviembre de 2011

Sorbete mousse de mojito

Rarezas

Aparte de ocupada, llevo una temporada rara. 
Debe de ser la edad y los cambios hormonales. Es una razón perfecta que las mujeres nos podemos permitir. Ya que sufrimos la locura hormonal, por lo menos podemos utilizarla como excusa.
Me agobio por todo. Con la cosa más pequeña me  enfado. Tengo mal genio, muy malo.
A veces siento que me falta espacio. Me enchufo los cascos y salgo a caminar, a paso ligero. Y siento que es como una huida hacia adelante.
Tengo mi trabajo y las tareas caseras (tediooooooosas). Y qué desagradecidas son las puñeteras. Cuando por fin acabas de ordenar, hay que volver a empezar. 
Lo del agradecimiento me ha dado que pensar. 
No agradecemos a los demás lo que hacen por nosotros, o por lo menos no lo suficiente. Y nadie nos agradece lo que hacemos por ellos. Me refiero a esas tareas imprescindibles, como hacer la comida, la compra o lavar la ropa. 
Pero si tuviéramos que pasarnos los días agradeciendo sería una lata.
Y sin embargo, qué bien sienta cuando te lo dicen.
¡Gracias!. Es tan sencillo.

Es una gran fuente de insatisfacción e infelicidad que tu trabajo no se valore.
Recuerdo una vez, una frase.


La mujer intenta hacerle ver al marido que su trabajo en casa es valioso, que gracias a esa dedicación durante los últimos siete años sin trabajar fuera, cuidando la casa y criando a los hijos, él pudo hacerse unos cursos que le han permitido mejorar en el trabajo, hacer un viaje de estudios para perfeccionar el inglés que duró tres semanas, organizarse sin ocuparse de ninguna tarea casera, ni llevar a los niños al médico, ni acudir a reuniones escolares, ni levantarse de madrugada, ni lavar ni planchar ni fregar ni cocinar...

Y el marido responde: pero eso lo has hecho porque has querido.
Hay frases que se sienten como puñetazos.


Pero claro. Es verdad. Porque he querido.
Las decisiones que tomamos son nuestras decisiones. Aunque uno espera que los sacrificios y esfuerzos se reconozcan un poquito, o incluso un gracias de vez en cuando.


De ahí la frustración. Muchas veces no se reconocen.


Por eso mientras camino con la música sonando en mis oídos pienso: esto que hago, lo hago porque quiero, las elecciones que he hecho en mi vida, las renuncias, las he hecho porque he querido. No debo esperar agradecimiento. Quiero hacerlo así, porque creo que es lo mejor.
Y sigo caminando, más rápido, tarareando bajito. Huyendo hacia adelante.


Quizá yo tenga también mucho que agradecer y no me doy cuenta.


Ingredientes
  • 200 gr de azúcar
  • 200 ml de agua
  • 1 manojo de menta fresca
  • 100 ml de ron
  • 4 limas
  • 1 chorrito de nata líquida
  • Helado de vainilla
¿Cómo se hace?
  • Hacemos un almíbar ligero con el agua y el azúcar. Hervimos más  menos 10 mn.
  • Retiramos del fuego y añadimos el manojo de menta.  Lo dejamos infusionar unos minutos.
  • Dejamos enfriar por completo.
  • Colamos. 
  • Añadimos el jugo de las 4 limas, el ron, la nata líquida y el helado de vainilla.
  • ¿Cuánta nata y cuanto helado? Depende de lo cremoso que lo queráis. 
  • Si montamos la nata antes de añadirla y dejamos reposar en la nevera hasta el día siguiente, se convierte en mousse. 
  • Si añadimos la nata líquida sin montar, es un sorbete cremoso que se puede tomar con pajita.
  • Los niños lo pueden tomar si le quitamos el ron. Les resulta muy refrescante. El sabor agridulce les encanta (a mis peques).

A mí también.

miércoles 12 de octubre de 2011

Judiones con bacalao

Aulas y patios

Tras el aparente vacío la vida fluye.
Pasó el verano (¡hace ya tanto tiempo!), el viaje a Francia está almacenado en el rincón de recuerdos (¡qué susto cuando no encontraba las fotos en el ordenador! ¡qué disgusto el día que perdí la libretita con todas las anotaciones que hice durante el viaje!).
El cole comenzó, es verdad. También el otoño, pero esto es mentira, porque el clima se niega a confirmarlo. Las rutinas, sin cambios aparentes, sólo aparentes.
Mis niñas están más grandes, yo trabajo cerca de casa esta vez y tengo nuevos alumnos.
Alumnos que dan un poco de miedo al principio, pero que a estas alturas de mes ya no. Con sus 12 ó 17 años son proyectos de persona apasionantes, que siempre te asombran.
Los de 12 llegan del cole con cara de susto y de ilusión. Se les pasa, el susto, en una semana. Tranquilos padres preocupados, el niño/a se adapta muy bien. Ya charla y charla hasta cuando no debe. La ilusión la conservarán el tiempo suficiente, irá decayendo y reverdecerá con los cambios constantes que se produzcan en sus vidas.
Los de 17 comienzan etapa nueva. Son ya de bachillerato. ¡Qué mayores! Pues yo veo timidez, cuando preguntan en clase, cuando saludan por la calle, cuando no tienen la tarea que se les ha pedido, cuando se les manda callar.
Cuando lloran en el patio la muerte de un compañero que fue atropellado al cruzar la calle cuando iba a clase.
Tres minutos de silencio ensordecedor. Sólo las gaviotas.
Estamos empezando.
Pero es que este año tengo unos niños de 12 años que son "especiales". Algunos no son capaces de escribir de forma inteligible. Todas las frases de su libro les parecen escritas en chino. Intentas explicar y ellos entender, pero no lo consiguen.
No, no son extranjeros. Son de aquí. Con dificultades sin tratar, con familias que no les han atendido, o que se empeñan en no ver que su hijo necesita un tratamiento especial. Estar con los mismos compañeros y el mismo libro no hará desaparecer el problema. Y mientras, el niño sufre. Y los consejos de los profesores no son escuchados.
Y la vida sigue.

Ingredientes
  • Un bote de judiones cocidos
  • Una cebolla pequeña
  • Un pimiento asado
  • Un diente de ajo picadito
  • Una bandeja de bacalao desalado
  • Caldo de pescado
  • Pimentón dulce

¿Cómo se hace?
Es tan facilito que casi me da reparo ponerlo. Pero queda tan bien, tan rico y es sano y nutritivo...
Pues picamos la cebolla y la ponemos a sofreír en una cazuela con un chorrito de aceite.
Añadimos el ajo picadito cuando la cebolla empieza a estar transparente.
Después el pimiento asado que estará en tiritas finas. Yo siempre los aso en casa y los tengo congelados,  pero también queda bien con los envasados comerciales.
Después añadimos el bacalao desalado. Si viene en trozos grandes, partirlo en trocitos pequeños.
A fuego más bien vivo dejar que se evapore toda el agua.
Añadimos pimentón dulce (una cucharadita más  menos), y sin dejar que se queme ponemos los judiones. Dejamos que coja color y añadimos un vaso de caldo. Si tenéis casero, fenomenal. Si no pues el que viene envasado nos saca del apuro.
Dejamos que los sabores se mezclen y a comer. Humeante y calentito.
Aunque igual es mejor dejarlo para cuando de verdad llegue el otoño.